La crisis de la RAM está lejos de terminar y la inteligencia artificial se ha convertido en el principal factor detrás de la presión sobre el mercado. El problema ya no es únicamente la falta de capacidad de fabricación: empresas como Samsung, Micron y SK Hynix están destinando una parte cada vez mayor de su producción a chips HBM, necesarios para los procesadores y centros de datos de IA, porque resultan más rentables que la DRAM tradicional.

Esta situación está modificando la distribución de la memoria disponible. Según estimaciones, durante 2026 hasta el 70% de la memoria RAM producida podría terminar destinada a centros de datos de IA, dejando alrededor de un 30% para smartphones, ordenadores y otros dispositivos. Esto ayuda a explicar por qué los fabricantes de tecnología están enfrentando mayores costes y por qué el precio de componentes como la RAM continúa bajo presión.

Para responder a esta demanda, los grandes fabricantes están ampliando sus fábricas y realizando nuevas inversiones. Samsung, por ejemplo, está destinando cientos de miles de millones a aumentar su capacidad de producción y cerrar acuerdos de largo plazo con clientes. Sin embargo, ampliar una fábrica de semiconductores requiere años, y existe el riesgo de que buena parte de la nueva producción sea absorbida nuevamente por el crecimiento de la inteligencia artificial.

Las previsiones de los propios fabricantes tampoco apuntan a una solución inmediata. Samsung estima que la situación podría comenzar a estabilizarse hacia mediados de 2028, mientras que Micron calcula que el equilibrio entre oferta y demanda podría llegar durante 2028. En una perspectiva todavía más prolongada, el CEO de SK Hynix ha advertido que la demanda de memoria podría mantenerse por encima de la capacidad de suministro incluso más allá de 2030.

El escenario, por tanto, apunta a que la presión sobre la memoria será un fenómeno de varios años y no una escasez temporal. Mientras la IA continúe absorbiendo una proporción cada vez mayor de la producción, fabricantes de ordenadores, smartphones y otros dispositivos tendrán que competir por una capacidad limitada. Para los consumidores, esto podría traducirse en precios elevados de la RAM y de los equipos tecnológicos durante los próximos años, especialmente si la demanda de infraestructura de IA continúa creciendo.

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